{"id":2002,"date":"2025-12-06T20:18:05","date_gmt":"2025-12-06T20:18:05","guid":{"rendered":"https:\/\/haciaelfin.cl\/?page_id=2002"},"modified":"2025-12-29T23:32:45","modified_gmt":"2025-12-29T23:32:45","slug":"de-un-rey-que-se-autodevoro-a-proposito-de-la-sociedad-mercantil","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/haciaelfin.cl\/?page_id=2002","title":{"rendered":"DE UN REY QUE SE AUTODEVORO"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p style=\"font-size:0.8rem\"><code>Sin embargo, el sujeto moderno no es solamente narcisista. Tambi\u00e9n es fetichista. Marx hab\u00eda mostrado que el fetichismo de la mercanc\u00eda implica que las relaciones sociales entre los individuos no se presentan como tales, sino como relaciones entre las cosas (las mercanc\u00edas y el dinero), mientras que el trabajo abstracto, que es una construcci\u00f3n social, aparece como una propiedad natural de los objetos. El narcisismo y el fetichismo no son dos fen\u00f3menos separados. <\/code><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-left has-small-font-size\">Desde las profundidades del tiempo siguen lleg\u00e1ndonos mitos antiguos que condensan en un breve relato una imagen precisa de lo que estamos viviendo. Tal es el caso de un peque\u00f1o mito poco conocido, el mito de Erisict\u00f3n. Debemos su transmisi\u00f3n, con algunas variantes, al poeta heleno Cal\u00edmaco y al poeta romano Ovidio. Erisict\u00f3n era hijo de Tr\u00edopas, que se hab\u00eda convertido en rey de Tesalia tras expulsar a sus habitantes aut\u00f3ctonos, los pelasgos. Estos \u00faltimos le hab\u00edan consagrado un magn\u00edfico bosque a Dem\u00e9ter, la diosa de las cosechas.<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">Erisict\u00f3n, con la intenci\u00f3n de construirse una nueva sala de banquetes en su palacio, se atreve a violar el bosque sagrado. Dem\u00e9ter se le aparece bajo la apariencia de Nicippe, la sacerdotisa, para exhortarlo a abstenerse de la profanaci\u00f3n. Erisict\u00f3n, en cambio, amenaza con matarla. La diosa se revela en toda su majestad. El rey se echa a temblar, pero no por ello se rinde. Dem\u00e9ter, airada por tanta desmesura, lo castiga con una enfermedad que lo hace presa de un hambre insaciable. Erisict\u00f3n empieza a comer todo cuanto encuentra: bueyes, p\u00e1jaros, peces, hasta vaciar las despensas de su casa y las de sus vecinos. Su hija Mestra, para alimentar a su padre y para satisfacer sus propias necesidades, se vende como esclava, pero gracias a la ayuda de Poseid\u00f3n, su amante, consigue escapar. El voraz padre, presa de la desesperaci\u00f3n, se vende tambi\u00e9n \u00e9l, pero nadie lo quiere.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading has-medium-font-size\"><\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">Finalmente, y al no quedarle ninguna otra soluci\u00f3n, empieza a devorarse a s\u00ed mismo. Este mito evoca la hybris \u2014la desmesura debida a la ceguera y el orgullo imp\u00edo\u2014, que acaba por provocar la n\u00e9mesis, el castigo divino sufrido por Prometeo, \u00cdcaro, Belerofonte, T\u00e1ntalo, S\u00edsifo y N\u00edobe, entre otros. No respetar la naturaleza atrae necesariamente la ira de los dioses, o de la propia naturaleza. Pero hay algo m\u00e1s: no es una cat\u00e1strofe natural lo que se abate sobre este ancestro de los insensatos que hoy destruyen la selva amaz\u00f3nica.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">Erisict\u00f3n no se devora a s\u00ed mismo por el castigo que recibe, sino porque es presa de un hambre insaciable. La desesperada tentativa de calmarla lo empuja a consumir alimentos en vano, estos s\u00ed muy concretos, destruy\u00e9ndolos y privando as\u00ed de ellos a quienes los necesitan. Sin embargo, no hay nada que pueda colmar el vac\u00edo interior que es la causa de su hambre. Es la desmesura, y no la cat\u00e1strofe, lo que le impide detenerse. En esta historia resuena un fen\u00f3meno ya conocido: el del desarrollo que ha alcanzado la sociedad moderna y que no puede detenerse. La modernidad ha ido destruyendo sistem\u00e1ticamente la naturaleza a lo largo de los dos \u00faltimos siglos, y desde hace al menos medio siglo lo est\u00e1 haciendo a un ritmo que es dif\u00edcil imaginar que no conduzca a una cat\u00e1strofe. Ante esta situaci\u00f3n, las cr\u00edticas al \u00abprogreso\u00bb y al \u00abdesarrollo\u00bb se han multiplicado, y han hecho emerger una vasta conciencia ecol\u00f3gica. Pero las cr\u00edticas se han quedado a menudo en la superficie. No han sabido o no han querido captar el verdadero motivo por el cual nuestra sociedad no puede sencillamente \u00abcambiar de rumbo\u00bb en direcci\u00f3n a un \u00abdesarrollo sostenible\u00bb o a un \u00abcrecimiento verde\u00bb.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">Las cr\u00edticas ecol\u00f3gicas se limitan en la mayor parte de los casos a indicar que es necesario poner fin a la desmesura sin detenerse en la pregunta clave de por qu\u00e9 nos vemos obligados a actuar as\u00ed. La raz\u00f3n por la que no podemos detenernos no se encuentra, como cree la ideolog\u00eda dominante, en una necesidad antropol\u00f3gica fundamental \u2014como si \u00abel hombre\u00bb fuera de por s\u00ed un ser devorador y depredador de su entorno\u2014, sino en la din\u00e1mica propia de la sociedad capitalista. La sociedad capitalista es una sociedad de la producci\u00f3n de mercanc\u00edas.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">Es verdad que toda sociedad produce objetos, pero solo en la sociedad capitalista la producci\u00f3n no obedece a ninguna organizaci\u00f3n preestablecida, sino que es el asunto de productores separados que intercambian sus productos \u2014las mercanc\u00edas, servicios incluidos\u2014 en el mercado, seg\u00fan las leyes de la oferta y la demanda. Para poder ser intercambiados, los diferentes productos deben tener algo en com\u00fan: el hecho de ser el producto del trabajo. Y de un trabajo abstracto, es decir, del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlos.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">Por lo tanto, toda mercanc\u00eda tiene un valor de uso (es decir, una utilidad) y un valor (es decir, el trabajo abstracto contenido en ella). Es esta doble naturaleza de la mercanc\u00eda y del trabajo que la ha producido la que Marx sit\u00faa al comienzo de su Capital y de la cual deduce todo el funcionamiento del capitalismo. En efecto, las dos facetas no coexisten pac\u00edficamente: est\u00e1n en conflicto, y de este conflicto es el lado \u00ababstracto\u00bb el que sale vencedor. El capitalismo produce para el valor. El valor se presenta en la forma del dinero, que es el objetivo de la producci\u00f3n, mientras que el valor de uso (la utilidad del objeto producido) solo sirve como simple soporte. Este puede tener lugar o no: solo cuenta el incremento de dinero. Cuando el dinero se convierte en s\u00ed mismo en la finalidad de la producci\u00f3n, ninguna necesidad satisfecha puede constituir jam\u00e1s un t\u00e9rmino. La producci\u00f3n se transforma en su propia finalidad y cada progreso sirve solamente para retomar el ciclo a un nivel m\u00e1s elevado.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">El mito de Erisict\u00f3n nos ofrece as\u00ed una imagen muy precisa de la din\u00e1mica del valor: la necesidad de crecimiento ilimitado del valor y su indiferencia en cuanto a los medios para lograrlo constituyen ese fondo com\u00fan que moldea los aspectos m\u00e1s diversos de la modernidad.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">El crecimiento del dinero y del valor no es posible m\u00e1s que a trav\u00e9s del crecimiento del trabajo ejecutado. La sociedad mercantil moderna es, por lo tanto, forzosamente una sociedad del trabajo. La necesidad del trabajo y su centralidad se han convertido en la \u00fanica fuente de legitimidad, no solamente en las sociedades occidentales, sino en la mayor\u00eda de las sociedades planetarias. Toda sociedad necesita un principio de s\u00edntesis: se trata del principio unificador que permite que los individuos y sus productos materiales e inmateriales, los cuales en cuanto tales est\u00e1n separados y son inconmensurables, puedan constituir las partes de un todo, es decir, formar una sociedad. En la sociedad capitalista es el trabajo el que hace de cada individuo un miembro de la sociedad que comparte con los otros miembros una esencia com\u00fan que le permite participar en la circulaci\u00f3n de sus productos. Los individuos pueden encontrarse como las partes de un todo \u2014es decir, formar una sociedad\u2014 porque sus actividades adoptan la forma com\u00fan de una cantidad de trabajo representada en una cantidad de dinero. Esta s\u00edntesis social se presenta en la forma del \u00absujeto\u00bb moderno. Para que esta s\u00edntesis pueda funcionar, es necesario que los individuos interioricen el imperativo del crecimiento del valor, el que se presenta a ellos como una pulsi\u00f3n, como una necesidad ps\u00edquica, casi como una segunda naturaleza.<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">En la sociedad capitalista, la interiorizaci\u00f3n de la coacci\u00f3n del valor y su abstracci\u00f3n conduce a la formaci\u00f3n de un sujeto que no est\u00e1 orientado a satisfacer sus necesidades o la de su entorno, sino a la acumulaci\u00f3n infinita de valor, que est\u00e1 a la base del crecimiento sin fin. El sujeto moderno es, pues, el resultado de la interiorizaci\u00f3n de las coacciones impuestas por el sistema capitalista. Esta interiorizaci\u00f3n se traduce, en el nivel ps\u00edquico, por lo que el psicoan\u00e1lisis llama \u00abnarcisismo\u00bb. La cr\u00edtica del valor, que constituye la base de este libro, se inscribe as\u00ed en la l\u00ednea de la obra de Christopher Lasch La cultura del narcisismo (1979).<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\"><br>Lasch era uno de los \u00faltimos herederos de la Escuela de Frankfurt (principalmente de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno) que supo comprender que el sujeto no puede ser considerado como una entidad aut\u00f3noma y ahist\u00f3rica, sino que es el resultado de la historia y de las relaciones sociales. Lasch se apoyaba en el psicoan\u00e1lisis, no para explicar los trastornos ps\u00edquicos \u00fanicamente por la historia personal del individuo (como hizo la mayor parte del psicoan\u00e1lisis cl\u00e1sico), sino para mostrar c\u00f3mo las estructuras sociales del capitalismo (principalmente la mercantilizaci\u00f3n y la destrucci\u00f3n de los lazos sociales) han penetrado en la psique y han conducido a la formaci\u00f3n de un nuevo tipo de subjetividad, el sujeto narcisista, que no est\u00e1 interesado en el mundo exterior, sino en su propia imagen. Sin embargo, el sujeto moderno no es solamente narcisista. Tambi\u00e9n es fetichista. Marx hab\u00eda mostrado que el fetichismo de la mercanc\u00eda implica que las relaciones sociales entre los individuos no se presentan como tales, sino como relaciones entre las cosas (las mercanc\u00edas y el dinero), mientras que el trabajo abstracto, que es una construcci\u00f3n social, aparece como una propiedad natural de los objetos. El narcisismo y el fetichismo no son dos fen\u00f3menos separados.<br>&nbsp;&nbsp;<br><br><\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">El sujeto narcisista, que se a\u00edsla de sus semejantes y se concentra en s\u00ed mismo, es al mismo tiempo un sujeto fetichista, porque para \u00e9l la \u00fanica relaci\u00f3n que tiene con el mundo es a trav\u00e9s de la mercanc\u00eda. El sujeto fetichista-narcisista, al no tener ninguna relaci\u00f3n con el mundo exterior que no est\u00e9 mediada por el dinero, no tolera ninguna frustraci\u00f3n. Concibe el mundo como un medio sin fin consagrado a una desmesura sin l\u00edmites, que se expresa en la necesidad de acumular valor y en la incapacidad de detenerse. Al igual que Erisict\u00f3n, el sujeto moderno no est\u00e1 orientado a satisfacer una necesidad, sino a una pulsi\u00f3n que no puede ser colmada. Esta desmesura, al destruir el mundo y al sujeto que la encarna, desemboca en lo que se podr\u00eda llamar la \u00abpulsi\u00f3n de muerte\u00bb del capitalismo. La cr\u00edtica que aqu\u00ed se desarrolla no es una simple cr\u00edtica moral. El libro no est\u00e1 dirigido contra la falta de sabidur\u00eda o la mala voluntad de los individuos, sino contra la l\u00f3gica del sistema. No se trata de decir que \u00abel hombre es malo\u00bb y que, por lo tanto, no hay nada que hacer, sino de mostrar que el sistema capitalista engendra necesariamente este tipo de subjetividad y de din\u00e1mica autodestructiva. Por esta raz\u00f3n, la tesis central del libro es que todos los fen\u00f3menos que nos aparecen de manera fragmentada \u2014el narcisismo, la ecolog\u00eda, el agotamiento del tiempo, las nuevas tecnolog\u00edas, la crisis del sujeto\u2014 son inseparables y proceden de una \u00fanica causa, el funcionamiento de la sociedad capitalista. <\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading alignwide has-text-align-left has-small-font-size\">El libro se propone as\u00ed recomponer el rompecabezas de la sociedad aut\u00f3faga y mostrar c\u00f3mo esta devora a sus hijos, al mundo y a s\u00ed misma. La sociedad Autofaga de Ansel Jappe. El itinerario del libro se articula en tres partes. La primera parte, \u00abLa era del narcisismo\u00bb, se consagra a la subjetividad. Se trata de analizar el narcisismo desde la perspectiva de la cr\u00edtica del valor y de mostrar c\u00f3mo la mercantilizaci\u00f3n ha transformado la psique y las relaciones sociales. Se exploran las figuras del h\u00e9roe de s\u00ed mismo y del sujeto autorreferencial, y se examinan las consecuencias del narcisismo en la pareja, la familia y la pol\u00edtica. La segunda parte, \u00abLa sociedad que devora el tiempo\u00bb, se centra en la relaci\u00f3n del sujeto con el tiempo. La mercantilizaci\u00f3n del tiempo y la aceleraci\u00f3n social se examinan a la luz de la necesidad del crecimiento del valor. Se analiza la figura del h\u00e9roe de la velocidad y se estudia la forma en que las nuevas tecnolog\u00edas, lejos de liberarnos del tiempo, lo devoran y nos encadenan a una temporalidad sin duraci\u00f3n. Se explora la relaci\u00f3n entre el tiempo, la tecnolog\u00eda y la pulsi\u00f3n de muerte. La tercera parte, \u00abEl mundo consumido: de la ecolog\u00eda a la autodestrucci\u00f3n\u00bb, aborda la dimensi\u00f3n ecol\u00f3gica de la sociedad aut\u00f3faga. Se muestra c\u00f3mo la necesidad de crecimiento ilimitado del valor conduce a la destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica del mundo y del sujeto. Se analiza la relaci\u00f3n entre el mito de Erisict\u00f3n, la hybris y la autodestrucci\u00f3n, y se exploran las formas en que la sociedad capitalista, al devorar sus propios l\u00edmites, se precipita hacia su ca\u00edda. A modo de conclusi\u00f3n, la \u00abNota sobre la cr\u00edtica del valor\u00bb ofrece una breve s\u00edntesis de las categor\u00edas fundamentales de la cr\u00edtica del valor (el valor, el trabajo abstracto, la mercanc\u00eda, el fetichismo) que sustentan la argumentaci\u00f3n del libro. El objetivo es proporcionar al lector no familiarizado con esta corriente te\u00f3rica las herramientas necesarias para comprender el desarrollo de la obra.<\/h2>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-code alignwide <p style=&quot;font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt; line-height: 1.5; text-align: justify; margin-left: 0;margin-right: 0;margin-top: 0;margin-bottom: 0;&quot;&gt;\"><code><\/code><\/pre>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-code alignwide\" id=\"Separado\"><code><\/code><\/pre>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin embargo, el sujeto moderno no es solamente narcisista. Tambi\u00e9n es fetichista. 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